En su mal desempeño, el secretario de turismo
En su mal desempeño, el secretario de turismo, Juan Carlos Rivera Castellanos, fue hecho a un lado en la fiesta de la Guelaguetza. En su omisión con responsabilidad, dio paso a los negocios que jamás habían manchado tanto a la máxima fiesta de los oaxaqueños. Al manejarse recursos públicos, el titular de la Sectur podría ser objeto de una investigación judicial, a ser cesado y consignado.
Aunque en corrillos de la Secretaria de Turismo diga que quien se queda con las ganancias es alguien de arriba que le quitó atribuciones, la realidad destapa cada día una nueva transa que se urdió desde sus oficinas de Avenida Juárez
Ahí están las sábanas bordadas de manera personal para los invitados desde gubernatura, en uno de los hoteles de lujo en el que fueron hospedados. Es tanta la insensibilidad que, como evidencia para una indagatoria formal, colocaron los logos de la Sectur y del Gobierno del Estado sobre las camas. Un toalla-gate a la oaxaqueña.
También están los contratos sin licitación a las empresas “amigas” de organización, difusión, contratación de artistas, de audio y vídeo, que colocaron desde un micrófono hasta el vídeomapping en la fachada de la Catedral. Este espectáculo causó la molestia de la esposa del gobernador, dada su mala calidad, que sólo evidencia un simple pero millonario negocio. La empresa responsable estaría vinculada a la imagen del mismo gobierno.
Además, ahí también consta la venta de 5 de 8 sectores de la sección C del auditorio del Cerro del Fortín, para las funciones del primer Lunes del Cerro, que tradicionalmente era para el pueblo, junto con la sección D. La justificación del mismo gobernador Alejandro Murat de que se trata de obtener recursos para “obras de caridad”, parece más una explicación espontánea que un propósito altruista, con el fin de atajar los escándalos originados desde la Sectur.
Esto, sin contar con la reventa permitida a particulares, quienes llegaron a ofrecer en internet boletos de la Guelaguetza hasta en tres mil pesos, así como boletos de la sección C, obtenidos en 300 pesos y ofrecidos después hasta en $900. La fila de los oaxaqueños que querían entrar gratuitamente a la fiesta étnica partía de la Rotonda de las Azucenas, daba la vuelta al hotel Fortín Plaza y regresaba al auditorio. La mayoría tuvo que esperar pacientemente para entrar al recinto desde las primeras horas del lunes, a la función de las cinco de la tarde. Que se jodan, fue la demostración del gobierno a quienes sufrieron bajo el inclemente sol. Había oaxaqueños de primera y de segunda.
La evidencia de que se reservaron boletos para venderlos supuestamente a través de una empresa que ofrece esos servicios para tarjetas de crédito, se vio el mismo día en que se conmemoró la muerte de Benito Juárez, luego de “fallas que se presentaron en la plataforma de la empresa Ticketmaster para la venta de boletos de los cuatro magnos conciertos”, como lo explicó el mismo Gobierno del Estado en un comunicado.
Cientos de personas que pernoctaron la noche del día 16 y la madrugada del 17 afuera de los teatros Álvaro Carrillo, Juárez y Macedonio Alcalá para cuatro conciertos en torno a la Guelaguetza, se irritaron al ser abiertas las taquillas dos horas y media después de lo ofrecido y ante el dicho, minutos después, que se habían agotado los boletos. La gente bloqueó las afueras del teatro Alcalá y la avenida Juárez, frente a la Sectur, donde no dejó ni pasar una marcha. Bloqueo mata manifestación, fue la máxima del día, que refleja el alto nivel de enojo de la población. ¿Ya se les olvidó tan súbitamente porqué perdieron las elecciones del primero de julio? Dos clases de oaxaqueños nuevamente, los de a pie y los del gobierno.
Aunque Juan Carlos Rivera quiera deslindarse de todo lo anterior, ahí estaban apartando lugares en el auditorio para sus amigos “fresas”, que no se formaron como cualquier turista o oaxaqueño, el asistente de su secretaria Adriana Vargas y Miguel Ángel Carrasco Ramos, quien le organiza los eventos a su protegida Laura Martinez. Al igual que su subsecretario de cabecera, Luis Felipe Sigüenza Acevedo, forman parte de una burbuja de poder que opera ante la omisión en veces y complicidad en las más, de Rivera Castellanos. Es tal la corrupción de este grupo que el manejo de los contratos de servicios son ocultos, al igual que las comisiones por parte de los proveedores.
Todo lo anterior, sin dejar de lado la responsabilidad del Gobierno de Alejandro Murat por los daños culturales del famoso Comité de Autenticidad de la Guelaguetza, que hizo otra vez parches imperdonables en la presentación de las delegaciones.
Si bien es el segundo año en que se organiza la fiesta de Oaxaca, lo único que perfeccionó Juan Carlos Rivera fue el negocio. El gobierno parece neófito en las tradiciones, pero cómplice en las transas de su secretario; un ente intruso en las costumbres, sin embargo un aval en los oscuros contratos comerciales; un extraño en los intereses populares, empero permitiendo la impunidad de un recaudador de las ganancias de lo que consideran un espectáculo del “Mexican Curios”; la realeza llegada a su feudo que observa con sus iguales los bailables de los locales de menor ralea.
De no intervenir en estos abusos, el mensaje del mandato estatal será el de acompañar los intereses de una banda de hamponcetes maquillados de buenas personas, de traidores amanerados a las costumbres de Oaxaca, de hombres aparejados en intereses comunes, pero con fobias a la generalidad de los oaxaqueños. La impunidad que creen ostentar como yuppies, que se creen bro-hermano-brody del gobernador se pondrá en tela de juicio en los próximos cambios de gobierno. Al tiempo.
