// La ética de los servidores públicos “Requisito indispensable” - Panorama del Pacifico https://pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js?client=ca-pub-3929368393811174
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Un reclamo recurrente en la sociedad, sobre todo en estos momentos de constantes cambios, es la atención que recibe del gobierno que los gobierna. Esta atención se manifiesta a través de las demandas de la comunidad.

Remontándonos al origen etimológico de la palabra ética, esta proviene del latín ethicus, y este del griego antiguo ἠθικός, o transcrito a nuestro alfabeto, “ethicos”, que significa costumbre. También la ética es una rama de la filosofía que abarca el estudio de la moral, la virtud, el deber…
Un reclamo recurrente en la sociedad, sobre todo en estos momentos de constantes cambios, es la atención que recibe del gobierno que los gobierna. Esta atención se manifiesta a través de las demandas de la comunidad.
Entre otras funciones, el gobierno debe generar empleo, una vivienda digna, garantizar los alimentos básicos, brindar servicios públicos de manera eficiente, elevar la calidad de vida de sus ciudadanos, establecer medidas sobre el cuidado del medio ambiente y sobre todo brindar estabilidad social y tranquilidad a todos sus ciudadanos.

Sin embargo satisfacer todas estad demandas ha sido muy difícil para el gobierno, debido a que las instituciones del gobierno están permeadas por una serie de vicios en el personal, lo que impide que sean eficientes. Esta situación ha generado que las demandas sociales hayan rebasado la capacidad de respuesta del gobierno, por lo que la administración pública ha sido y sigue siendo calificada como lenta, ineficaz e ineficiente.
Cualquier mejora en la eficiencia en la operación de los servicios públicos, solo será posible si se eleva la calidad moral de los servidores públicos mediante una formación ética.
Algunas causas que han provocado que la administración pública no sea eficiente en sus tareas son: la inadecuada selección y formación de los servidores públicos con buenos principios y valores éticos, y por otro lado, el aumento de vicios o actitudes antiéticas en el sector público tales como el de la corrupción, el soborno, abuso de autoridad, tráfico de influencias, etc…

De  ahí la importancia de formar o reforzar la conducta ética del servidor público independientemente del ámbito gubernamental en que se desempeñe, ya sea del federal, estatal, municipal, o de la administración descentralizada o paraestatal, fomentando y rescatando los valores de los servidores públicos a fin de generar un cambio de actitud en los mismos.

La mancuerna perfecta que hacen la ética-política es importante porque si bien la política delibera sobre lo que es mejor o nocivo para el estado, ésta debe moderar los deseos de los hombres preocupándose por el bien general y eso lo logra con la ética. Quien estudie la política necesita conocer la naturaleza del hombre, sus diferentes caracteres y formas de conducta, conocimientos – estos últimos- que corresponden al objeto de estudio de la ética, que de alguna manera no es más que una parte del saber de la ciencia política.

A través de la ética, los gobernantes pueden orientar el comportamiento de los individuos, con ella se determina la justicia o injusticia de los hombres, con ella se eleva la cultura política de un pueblo. Por ella los hombres están bien consigo mismos, y si ello es así, lo están con respecto de los demás. De esta manera, aquel individuo que quiera ser estimado por su carácter moral debe guardar una moderación y templanza en cada uno de sus sentimientos o afectos.

La ética no puede ser dejada de lado por los servidores públicos, pues ella orienta hacia lo que es bueno y justo, ella encuentra soluciones, con ella se ejercita la mente, modela el alma, da paz al espíritu, ordena la vida, rige las acciones, indica qué es lo que debe hacerse y omitirse, resuelve dudas, aconseja, presenta principios, “con ella el ser humano actúa de manera correcta”. Para aquellos hombres que realizan funciones de carácter público, la ética da sabiduría a sus mentes, entendimiento, prudencia y capacidad de juicio en la toma de decisiones. Entonces la pregunta sigue en el aire ¿por qué la han dejado de lado?…

La combinación de los conocimientos éticos aunados a los políticos da por resultado un hombre íntegro con principios, responsable para el trabajo y con respeto por el cargo, es el equilibrio o justo medio del que hablaban los griegos.
Un análisis lógico de la gestión pública, demuestra que es falsa aquella afirmación que señala que es posible reducir el servicio público a cuestiones meramente técnicas.
La conducción de la administración pública no puede reducirse a la pura tecnicidad, requiere de la totalidad de los factores del hombre, teóricos, económicos, morales, religiosos, culturales, históricos, sociales, éticos, etcétera.
En estos tiempos tan complicados que vive el país, hay un gran vació de principios morales en las instituciones públicas, por lo que es necesario retomar fundamentos de la teoría política y de la ética, es importante para hacer frente a los problemas de corrupción en los ámbitos político, económico, social y cultural que padecemos en la actualidad. Porque la sociedad reclama y con justa razón servicios eficientes, continuos, rápidos, innovadores y de calidad, los cuales, estas instituciones perdidas en el limbo de la corrupción, donde reina la ineficacia e ineficiencia, no pueden dar respuesta satisfactoria a los ciudadanos…

Los valores

Se da por sentado que en toda cultura es factible encontrar un sinnúmero de valores, los cuales se han clasificados para su estudio en valores políticos, sociales, económicos, religiosos, familiares, materiales, afectivos, artísticos, etcétera.
En contraparte es importante destacar que así como existen valores en una cultura también es posible encontrar contravalores, antivalores o valores negativos que son la antítesis de los mismos, esto es, la maldad se opone a la bondad, la injusticia a la justicia, la mentira a la verdad, la pereza al trabajo, etcétera. En general, estos contravalores se oponen al desarrollo pleno de las personas y por ende de la comunidad. En el mundo los antivalores se han expandido de manera indiscriminada y han invadido ámbitos sociales, económicos, culturales, deportivos, laborales, políticos. Al ser esto así, han invadido también la esfera de lo público al desarrollarse como virus al interior de las instituciones públicas le han hecho tanto daño.

Contravalores que enferman y han destruido la salud de las instituciones públicas

Algunos de los principales contravalores que enferman y destruyen la salud de las instituciones públicas son: la ambición, la adulación, la avaricia, la codicia, la complicidad, el compadrazgo, el desorden, la desconfianza, el desenfreno, el dedazo, la deslealtad, la estafa, el egoísmo, el fraude, la hipocresía, la injusticia, la ineptitud, la irresponsabilidad, la insolencia, la incompetencia, la improvisación, la impunidad , el libertinaje, la mentira, la malversación de recursos, el nepotismo, la negligencia, la prevaricación (incumplimiento de las obligaciones propias del cargo), la rapiña, el soborno, el tráfico de influencias, el temor, la traición…etc. Por sí mismo, cada vicio puede ser objeto de un análisis exhaustivo, sin embargo comúnmente nos referimos a estos utilizando la palabra corrupción.

La corrupción es un fenómeno mundial, que afecta el desarrollo de los países y la capacidad de respuesta de las instituciones públicas, en algunos casos es la causa de muchos males como el de la pobreza, la contaminación, la tala de bosques en lugares prohibidos, la extinción de la flora y fauna, la injusticia, etc. Para fortuna de la humanidad, la corrupción es combatible siempre que se tenga conciencia y voluntad y se realice un gran esfuerzo mediante el establecimiento de medidas para frenarla. Entre las medidas básicas está: en lo general, lograr que las sociedades fomenten sus valores y en lo particular, lograr un cambio de actitudes en los servidores públicos a través de la ética a fin de formar una conducta integral.

Para la prestación de un servicio a otro individuo por sencillo o simple que sea se requiere de dos cosas: compromiso con el trabajo y respeto hacia la persona a quien se le sirve. Cuando el servicio no es a un individuo sino a una comunidad, el compromiso es mayor, y lo es aún más, si éste servicio es público y proviene del Estado.
Entonces los principios éticos deben estar presentes en los funcionarios o servidores públicos en todas las esferas de los gobiernos, ya sea gobierno federal, estatal o municipal, para que éstos estén a la altura de las exigencias de la sociedad.
Las carencias meramente técnicas se pueden superar, contratando los servicios de expertos, no así las cuestiones éticas, estas últimas son propias, no se pueden comprar; se tienen o no se tienen, pero la buena nueva es que se adquieren, se cultivan, se fomentan y hay que llevarlas en las entrañas y en la piel…

La excelencia en la gestión de los intereses colectivos no se puede alcanzar sin educar a los servidores públicos en sólidos criterios de conducta ética.

        Por: Rosa Ma. CASTRO

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